Bienestar

Carta al universo

La primera vez que se me pasó por la cabeza ser profe yoga, lo veía como algo muy lejano e irreal. Para ese entonces yo tenía un buen puesto de trabajo en el que viajaba bastante, más o menos relacionado con lo que había estudiado y trabajaba muchas muchas horas. Por eso era bastante improvable que consiguiera tiempo para hacer un curso de profesora de yoga. (Siempre cuento la siguiente parte, pero es que fue muy mágico) Un día una amiga me dijo, pídeselo al universo. Yo no sabía que al universo se le podían pedir deseos, pero el caso es que a partir de ese momento las cosas se fueron alineando para que hace casi tres años me fuera con Albert a Bali para hacer mi training de profe. Y hasta el día de hoy con Manbú y el estudio online! (A veces me da incluso miedo todo lo bonito que ha pasado)

El tema es que el otro día leyendo el libro de Come, reza, ama me encontré con un trocito que me encantó. Os hago una introducción (spoiler del principio): Liz, la protagonista, lo está pasando bastante mal con el divorcio porque su marido no quiere firmar los papeles y ella necesita terminar esa fase de su vida que se está alargando mucho. Tiene esta conversación con su amiga Iva:

“- No creo que resita un año más de pleitos. Una intervención divina es lo que me hace falta. Ojalá pudiera escribir una petición a Dios rogándole que ponga fin a esta historia.

– ¿Y por qué no lo haces?- me contesto ella. Expliqué a Iva mis opiniones sobre el asunto de la oración. Es decir, que no me parece bien pedir a Dios cosas concretas, porque lo veo como una especie de falta de fe. No me gusta decirle: “¿Puedes cambiar esto o aquello que no me funciona en la vida?”. Porque -¿quién sabe?- tal vez Dios quiera ponerme ese reto por algún motivo concreto. En cambio, prefiero rezar para pedirle valor para enfrentarme a lo que me suceda en la vida con ecuanimidad, sin importarme los resultados. 

Después de escucharme educadamente, Iva me preguntó:

– ¿De dónde has sacado esa idea tan tonta? ¿De dónde has sacado que no puedes usar la oración para pedir algo al universo? Tú formas parte de este universo, Liz. Eres un componente más. Tienes todo el derecho del mundo a participar en el funcionamiento del cosmos y a permitir que se conozcan tus sentimientos. Así que date a conocer. Expón tu caso. Creéme, al menos te escucharán.”

Finalmente Liz, escribe su petición al universo y la firma. A continuación se preguntan, quién más podría firmar esa petición, personas que quieren verla feliz. Solemos pensar que hacer este tipo de peticiones es un acto egoísta, pero el mundo es un proyecto colectivo, nuestra felicidad hace felices a otras personas y viceversa.

Aprovechando que llegan Navidades, os dejo una plantilla para que escribáis una carta. En vez de a los Reyes Magos como cuando éramos pequeños, esta vez al universo. Permite que se conozcan tus deseos y no te olvides de firmar tu petición por todas las personas que quieren verte feliz.

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